Cuando tienes mucho tiempo libre a veces los pensamientos vuelan más de lo que quisieras. No es que no tenga nada que hacer, solo que la enfermedad se ha apoderado de mis días, me ha quitado las ganas de levantarme de la cama, se ha llevado mi apetito y sobre todo me ha llenado de miles de pensamientos que hubiera preferido evitar...nostalgia, quizás...pero de esas raras que no son recuerdos del pasado sino miedos del futuro, del incierto que se puede convertir mi vida, de las cosas que uno escribe para que se convierta en realidad y siempre termina en muchas pesadillas.
Esos pensamientos te llevan lejos, tan lejos que corro peligro, y mucho. Todo tiene un precio, todo demanda algo, y eso es lo que siempre temo...los saldos, el resultado, las consecuencias...reales o imaginarias, pero al fin y al cabo el termino de las ilusiones mezcladas con cucharadas de realidad y un poquito de esperanza.
Sigo poniéndole atención a esas imágenes que se apoderan de mí, trato de ver más allá, pero no logro ver algo concreto, solo reflejos confundidos que forman sombras de lo que quiero ver. Las sombras antes me daban miedo, pero ahora no, quiero correr tras de ellas hasta llegar a verlas en forma real y darme cuenta de una vez si eso es lo que tanto había esperado encontrar.