lunes, 21 de mayo de 2007

ABCs


A veces no entendemos muchas cosas, o no las keremos entender, a veces malogramos muchos momentos o no lo sabemos disfrutar, a veces odiamos a las personas o no las sabemos amar, a veces estamos muy confundidos o simplemente no keremos aceptar las cosas como son, a veces decimos no cuando lo que realmente keremos decir es sí... A veces kedo callada cuando me muero por hablar, a veces lloro en vez de reir, a veces sueño demasiado y me olvido de la realidad, a veces no sé como actuar y siempre actuo mal... A veces sé que dolerá, pero es bueno experimentar, a veces sé que es buena la soledad, aunk la llegue a detestar, a veces me falta paciencia pero sé que debo desarrollarla mas, a veces hasta los amigos nos fallan, pero la amistad nunca morirá, a veces me falta motivos para luchar, pero encuentro a alguien q me los hace recordar... A veces es fácil querer pero difícil expresarlo, a veces nos pasan muchas kosas, pero por algo pasan, a veces no entendemos a Dios pero Él sí nos entiende, a veces pedimos mucho y nos dan tan poco, a veces sonreir es bueno y casi nunca lo hacemos... A veces gastamos mucho tiempo en banalidades y dejamos de lado lo verdaderamente importante, a veces sentimos que nada nos sale bien y no intentamos nada para mejorar, a veces tenemos miedo pero no somos capaces de comenzar a enfrentar, a veces nos damos cuenta de los errores que tenemos, pero no iniciamos un cambio de verdad, a veces todo keda en palabras y dejamos a fuera a las acciones, a veces seguimos esperando cuando sabemos que no llegará más, a veces no seépork me pongo a escribir si con eso no hago que todo lo que kiero se vuelva realidad...

martes, 9 de enero de 2007

La vista de los ciegos

Un día mientras viajaba en la combi con rumbo a mi casa, una persona invidente subió y se sentó a mi lado, le dijo al cobrador el paradero donde iba a bajar y le pagó su pasaje. Esta persona era como de 50 años, tenía sus ojos desorbitados y la nariz desfigurada- por consecuencia del cáncer a la piel del que padecía. Vestía humildemente y llevaba entre sus brazos un bolso de tela.
Me saludó con mucha amabilidad y me preguntó si era universitaria, dude un poco si contestarle o no -porque creía que me iba a hablar durante todo el viaje y en ese momento no tenía ganas de escuchar a nadie- pero bueno, me dije y le contesté que sí, rápidamente me repreguntó qué estudiaba, y al unísono le dije: periodismo. Bajó su cabeza y enmudeció, luego me comenzó a contar historias que había escuchado en muchos reportajes de televisión acerca de personas invidentes y minusválidas, me decía que los de mi profesión inventaban y hacían creer a la gente que ellos eran unos mendigos que ganaban bastante dinero. Yo no sabía que decir ante semejante acusación, velozmente maquiné mi respuesta dentro de mi cabeza para que inmediatamente después que termine de hablar, exponérsela, pero no dejó de hablar, continuó y hasta me terminó por contar su largo camino por la vida.. Mientras me narraba sus tristes experiencias, los ojos se le llenaban de lágrimas, su rostro palidecía y sus palabras se tornaban entrecortadas. Tristeza era lo que despedía de su ser, lo observaba y mi corazón me apretaba, después de escuchar que la soledad rodeaba su vida, mis ojos se llenaban de lágrimas, cada palabra que pronunciaba era como un puñetazo a la igualdad y un descrédito más a la justicia.
Me decía que si hubiera tenido la oportunidad, hubiera estudiado derecho para ayudar a las personas que como él, están solas en el mundo o abandonados por sus familiares, porque creen que le son un estorbo. A él no le importaba ser ciego, total nunca pudo levantarse y ver los rayos del sol entrar por su ventana, y mucho menos perdía su tiempo en imaginar cómo eran los colores. Pero eso no importaba ya, él estaba dispuesto a ayudar a los demás, a dar un granito de arena con mucho tiempo y mucho más de voluntad. Lamentablemente, el cáncer a la piel lo eligió como víctima y no pudo ni rozar a sus sueños. Su manera de ganarle a la adversidad era mostrándole que tenía muchas ganas de luchar y salir a vender sus golosinas para juntar las moneditas que necesita para sobrevivir y pagar su cuartito en el que pasaba sus días acompañado de su soledad.
A la vez que ese hombre hablaba por mi mente pasaban cosas como: nadie los ayuda, están completamente solos, esperan que alguien abogue por ellos porque ya están cansados de ser una burla más de nuestra hipócrita sociedad.
Me preguntaba cómo era que ellos sin tener vista veían más de lo que nosotros podemos mirar. Este hombre me decía cosas que eran verdad, la injusticia e indiferencia con la que son tratados es el reflejo de la realidad.
Ya no recuerdo su nombre, pero cada palabra, cada gesto, cada lágrima estarán en mi mente y en mi corazón, ya que en esos 30 minutos aprendí que la vida es más que estudiar en una universidad o tomar clases con los mejores profesores. Él me enseñó lo dura que es la sociedad, lo egoístas que somos cuando caminamos por la calle y solo miramos lo superficial, mientras ignoramos a cientos de personas que solo esperan que no los dejemos atrás.

¿Animales salvajes?

Torear, picar, trastear y matar son acciones que se convierten en realidad cuando un laureado torero agita su capa en son de burlar a un salvaje animal que puede pesar más de 500 kilos.
Una fiesta cultural, una manifestación de arte, sí, en verdad no se equivocan los amantes de la tauromaquia al denominar este inexorable espectáculo de esta manera, pues mientras le propinan picotazos al pobre animal van demostrando el salvajismo que es innato en el hombre y mediante trazos que son dibujados por la mezcla del sufrimiento y dolor del toro hacen una obra abstracta para los aficionados, pero bien definida para los defensores de la vida, incluyendo la vida de los que, desafortunadamente, no pueden quejarse y sólo responden a defenderse.
La palabra sanguinario en todas sus connotaciones, nos bastaría para definir este pasatiempo que para muchas personas es más que entretenido y hasta de élite ya que entrar como espectador de una corrida puede llegar a costar mucho dinero, dinero que puede ser más necesario en la puesta de algún verdadero artista o para el apoyo de un deporte amateur.
Pero claro está que en nuestro país más puede la tradición que la razón. Lamentablemente, se sigue defendiendo a capa y espada –literalmente- la práctica de está vergonzosa y degradante diversión que sólo da muestra del dominio del hombre sobre las animales irracionales y que nos convierten en más bestias que éstos.