Torear, picar, trastear y matar son acciones que se convierten en realidad cuando un laureado torero agita su capa en son de burlar a un salvaje animal que puede pesar más de 500 kilos.
Una fiesta cultural, una manifestación de arte, sí, en verdad no se equivocan los amantes de la tauromaquia al denominar este inexorable espectáculo de esta manera, pues mientras le propinan picotazos al pobre animal van demostrando el salvajismo que es innato en el hombre y mediante trazos que son dibujados por la mezcla del sufrimiento y dolor del toro hacen una obra abstracta para los aficionados, pero bien definida para los defensores de la vida, incluyendo la vida de los que, desafortunadamente, no pueden quejarse y sólo responden a defenderse.
La palabra sanguinario en todas sus connotaciones, nos bastaría para definir este pasatiempo que para muchas personas es más que entretenido y hasta de élite ya que entrar como espectador de una corrida puede llegar a costar mucho dinero, dinero que puede ser más necesario en la puesta de algún verdadero artista o para el apoyo de un deporte amateur.
Pero claro está que en nuestro país más puede la tradición que la razón. Lamentablemente, se sigue defendiendo a capa y espada –literalmente- la práctica de está vergonzosa y degradante diversión que sólo da muestra del dominio del hombre sobre las animales irracionales y que nos convierten en más bestias que éstos.
Una fiesta cultural, una manifestación de arte, sí, en verdad no se equivocan los amantes de la tauromaquia al denominar este inexorable espectáculo de esta manera, pues mientras le propinan picotazos al pobre animal van demostrando el salvajismo que es innato en el hombre y mediante trazos que son dibujados por la mezcla del sufrimiento y dolor del toro hacen una obra abstracta para los aficionados, pero bien definida para los defensores de la vida, incluyendo la vida de los que, desafortunadamente, no pueden quejarse y sólo responden a defenderse.
La palabra sanguinario en todas sus connotaciones, nos bastaría para definir este pasatiempo que para muchas personas es más que entretenido y hasta de élite ya que entrar como espectador de una corrida puede llegar a costar mucho dinero, dinero que puede ser más necesario en la puesta de algún verdadero artista o para el apoyo de un deporte amateur.
Pero claro está que en nuestro país más puede la tradición que la razón. Lamentablemente, se sigue defendiendo a capa y espada –literalmente- la práctica de está vergonzosa y degradante diversión que sólo da muestra del dominio del hombre sobre las animales irracionales y que nos convierten en más bestias que éstos.


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